El impacto general de la globalización financiera en el sector financiero nacional es profundo. La liberalización de los flujos de capital ha vuelto eficazmente obsoleta la represión financiera nacional. Las consecuencias no han sido uniformemente favorables. Tras la liberalización, las tasas de interés internas en los países en desarrollo se trasladaron a una prima sobre las tasas de los países industrializados, y pueden aumentar repentinamente en tiempos de especulación monetaria. El aumento de la volatilidad de las tasas de interés y del tipo de cambio plantea dificultades prácticas de la gestión de riesgos para los intermediarios financieros y refuerzan la necesidad de infraestructuras e incentivos adecuados para la contención de riesgos, así como para las buenas macropolíticas. Por otro lado, el costo del capital accionario se ha reducido al permitir el acceso de los inversores extranjeros a los mercados locales de acciones y al permitir a las empresas locales cotizar en el extranjero.

El aumento de los flujos internacionales a través de los mercados de capital no ha sido el principal contribuyente al aumento de las fuentes internacionales de la volatilidad. Además de abrir el acceso a los servicios financieros de origen extranjero, cada vez más países permitieron que los bancos y otras empresas financieras de propiedad extranjera operaran a nivel local. Aunque esto puede representar una amenaza para los propietarios nacionales de empresas financieras, el inconveniente es superado por una mejor calidad del servicio. En los tres ámbitos –deuda, capital y servicios- los costos y riesgos así como los beneficios de una creciente globalización financiera.


 

 

 

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